Crónicas Gabarreras 0
 Crónicas gabarreras:   Inicio >  Crónicas de la Historia >  Las "cruces" del pinar de Valsaín (Mª Teresa Isabel Fernández).  


Foto: CENEAM - O.A. PARQUES NACIONALES. Antonio Moreno Rodríguez

En Valsaín siempre hemos oído hablar de la existencia de unas "cruces" en ciertos puntos del Pinar que marcan su división y se conservan desde hace siglos.

Sólo unos pocos privilegiados, conocedores del valioso Pinar orgullo de nuestro pueblo, a fuerza de recorrer cada rincón, cada vado, cada mata y cada arroyo, han conseguido participar de uno de los "secretos" del Pinar: la ubicación exacta de las cruces. Los profanos en la materia, quienes seríamos incapaces de orientarnos siquiera acerca del Cuartel del Pinar en que nos encontráramos, sospechábamos incluso que la historia de las cruces era una leyenda más. Pero parece que las cruces son una realidad.

Y de ellas vamos a hablar en este artículo, sin ánimo de descubrir ninguna revelación. Su origen está en el "Deslinde y Amojonamiento de los Reales Pinares de San Ildefonso, Balsaín y Riofrío, el de la Mata de Pirón y saneamiento de su Cañada", realizado por Orden Real de 26 de julio de 1762, redactada por el propio Marqués de Esquilache.

Con asistencia de varios altos cargos Reales como el Secretario de Superintendencia, con orden del Superintendente de los Pinares, se nombran para deslindarlo a un antiguo hachero y tasador y a un antiguo guarda, así como el Guarda Mayor del momento. Sus nombres, para el recuerdo: Don Andrés de Valcárcel, Don Manuel de Laguna, Don Manuel de Monicio y Don Juan Antonio de Prabia. Comenzaron el Deslinde el 19 de agosto de 1762, en el sitio denominado de la "Acebeda", lugar donde se cinceló la primera cruz con su peana, en una gran peña, y así se colocaron hasta treinta y tres cruces en la misma jornada.

Foto: Crónicas Gabarreras

En la siguiente, de 20 de agosto, iniciaron el amojonamiento partiendo de la Venta de la Fuenfría, con asistencia de varios ciudadanos de Cercedilla para defender la parte perteneciente a ese término. Tomando dirección a Siete Picos, hasta llegar al Camino del Portachuelo, quedaron instaladas otras diecinueve cruces.

La tercera jornada, del sábado 21 de agosto, partió a las seis de la mañana del "Real Sitio de Balsaín", con dirección a las Guarramillas, enclave donde se continuó con la tarea de deslinde, renovando algunas cruces antiguas en torno al Arroyo de los Infiernos, Peñacitores, por encima de las Canchas de Prado Largo, Majada Hambrienta, el Arroyo de las Quebradas y la falda de Peñalara, pasando por el Camino de los Ventisqueros y el Arroyo Carneros, para culminar el día en la punta del Pinar de Oquendo con la cruz número veintidós.

El domingo 22 de agosto de 1762 se prosiguió con los cotos, en dirección al Arroyo Morete, a treinta pasos de distancia de la esquina de los Jardines del Palacio de la Granja, girando hacia el Chorro, atraviesan la Mata de Navalosar, lindera a la Nava de la Sauca, continuando hasta Siete Arroyos, divisando la "Fábrica Nueva de la Real Máquina" hacia la mitad de la jornada, cuando se desvían en dirección a Nuestra Señora de Robledo, dejando a su paso ubicadas otras tantas cruces, contabilizando a la puesta de sol el número de cincuenta: en Navalparaíso, Cerro de Matabueyes, mirando a Cabeza de Matagatos, culminando al pie de Cerro de Cabeza Grande de Revenga, frente al Molino de los Hoyos.

Al día siguiente partieron de Revenga hacia el último mojón instalado unas horas antes, pasando el Camino de Carrera Blanca, cuesta abajo hacia el Río de Riofrío, llegando al poner la novena cruz del día al punto en que había dado comienzo el deslinde, coto donde se finalizó el apeo, con juramento de todos los partícipes de haberlo realizado bien y fielmente, sin perjudicar la Hacienda Real ni los términos implicados.

Y aquellas cruces, instaladas en agosto de 1762, quedan enclavadas en los distintos puntos de "nuestra" maravillosa naturaleza, marcando un recorrido de singular belleza. He tenido la suerte de conocer al menos una, que aparece en la fotografía, gracias a la gentileza de un experto en el Pinar de Valsaín y a una caminata por Peñacitores, desde donde se divisa nuestro pueblo casi a vista de pájaro, sintiendo la majestuosidad del paisaje que nos rodea.

Mª Teresa Isabel Fernández.


©Pedro de la Peña García | cronicasgabarreras.com