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 Crónicas gabarreras:   Inicio >  Naturaleza >  El valle de las mariposas (Pablo Pereira Sieso).  


Tornasolada (Aparatura Iris). Foto cedida por Pablo Pereira Sieso

Don Santiago Ramón y Cajal, nuestro insigne Premio Nobel de Medicina, solía citar con frecuencia  una frase de su colega portugués Peixe que se ha hecho célebre: “El ojo sólo ve lo que ya está en el  espíritu” o lo que es lo mismo, sólo somos capaces de ver aquello que de modo consciente o inconsciente ya sabemos que existe. Si a cualquier excursionista que haya cruzado los Montes de  Valsaín le preguntáramos si en su recorrido había visto mariposas, probablemente nos contestaría :  “ Si, a montones”. Pero si a continuación le preguntáramos cómo eran, la respuesta más probable  sería: “ Pues no sé. Mariposas. ¿No son todas iguales?”. Tal vez apretándole un poco más  podríamos lograr un: “Unas blanquitas, otras pardas, y alguna pequeñita y azul”. Si llegáramos a  este punto habríamos dado con un tipo realmente observador.

Pero las mariposas no son todas iguales, ni se dividen en blancas, pardas y azules. Habríamos  estado hablando con una persona que acababa de cruzar uno de los enclaves de mayor riqueza en  mariposas diurnas de toda la Sierra de Guadarrama, con una lista provisional de especies presentes de alrededor de cien, pero su desconocimiento de esta circunstancia le habría impedido disfrutar del asombroso espectáculo que le brindaban gratuitamente estas “vedettes” de los insectos entre las  que se encuentran auténticas joyas de la entomofauna ibérica.

No es nuestra intención que las conozcan a todas. Libros hay para eso, y algunos realmente  buenos. Nos bastará con que sepan que existen, y que la próxima vez las miren con otros ojos, se  fijen en los espectaculares contrastes de colores de sus alas, y en sus diferentes maneras de  comportarse, en qué flores les gusta más libar el néctar, y en qué tipo de ambientes se encuentran  unas y otras. Su propio interés, y su capacidad para disfrutar de las bellezas naturales, harán el resto.

Como dijimos, los montes y el valle de Valsaín son un enclave privilegiado en cuanto a la diversidad  de mariposas diurnas. Probablemente en todo el Guadarrama no exista un lugar con una riqueza  similar, salvo tal vez el Valle del Lozoya, y esto está todavía por demostrar. Los mil metros de  desnivel entre las cumbres que lo rodean y los pastizales bajos de San Ildefonso, dan lugar a que en  un espacio relativamente reducido se pueda encontrar una gran diversidad de hábitats, que permiten  la existencia en vecindad de un gran número de especies con exigencias ambientales diferentes.

Cerca de las cumbres en laderas pedregosas tapizadas de piornal y enebros rastreros, vuela la polo,  reliquia del último periodo glaciar acantonada en las cotas más altas de las montañas ibéricas. Sus  colonias antaño numerosas, han desaparecido de muchos de sus emplazamientos tradicionales,  pero en Valsaín todavía se puede presumir de la presencia de este espectacular insecto.

Contrastando con el blanco brillante de sus alas, mariposas oscuras como la Montañesa de Banda Larga, y el Sátiro Negro comparten las mismas laderas y pastizales de altura, pero ya se van  adentrando algo en las partes altas del pinar. El bosque de pinos es en sí mismo pobre en especies,  pero en él abundan los claros que son auténticos oasis para una comunidad de lepidópteros más  rica a medida que descendemos en altitud. En estos claros, y en las cunetas de las pistas que atraviesan el pinar, donde abundan las zarzas, se dan cita gran número de especies como la Sofía de parches nacarados en la cara inferior de sus  alas, la Ajedrezada Verdosa de vuelo rápido y nervioso, o la Manchas Verdes, cuyos machos ponen una nota de azul celeste entre la vegetación baja.

Por estos claros, y por algunos collados, en los meses de mayo y junio de años favorables,  podremos contemplar el intenso flujo migratorio de especies como la Cardera, la Numerada, o la  Amarilla, poderosas viajeras que cada temporada cruzan Europa de Sur a Norte desde sus cuarteles  de invierno en el Sur de España y el Magreb.

Pandora (Argynnis Pandora). Foto cedida por Pablo Pereira Sieso

Más abajo, donde los pinos empiezan a mezclarse con rebollos, el número de especies se multiplica, y cuando florecen los zarzales, el espectáculo llega a  su momento álgido Docenas de mariposas diferentes acuden a las mismas matas cubriéndolas casi  por completo, y formando vistosas nubes multicolores cuando alguna molestia las hace levantar el vuelo, para volver a posarse de inmediato.

De un solo vistazo se pueden ver la Pavo Real (su  nombre lo dice todo en cuanto a su colorido), la Pandora, de vuelo impetuoso y gran talla, la Ninfa  de Arroyos, territorial y pendenciera aunque de enorme belleza, y muchos otros Ninfálidos, Licénidos y Piéridos.

Con suerte tal vez tengamos la fortuna de localizar alguna Repicoteada, extraña  mariposa de cabeza alargada y aspecto tosco, muy rara aunque presente en la zona. Ya metidos en el rebollar, y en sus pastizales, el número de mariposas diferentes sigue aumentando, y van apareciendo especies nuevas, que no pueden vivir a mayores altitudes, mezcladas con otras a las que la cota les importa bien poco y que pueden verse casi en cualquier lugar. La Nazarena, la Medioluto Ibérica, la Rey Moro, o la Limonera son algunas de las más  características.

En los bordes de los cursos de agua, donde abunden los sauces, fresnos y alisos, no podremos  dejar de ver a la Moradilla del Fresno, aunque sin duda nos llamará la atención la Maculada, por su costumbre de volar en lugares umbríos y húmedos, donde no llegan los rayos del sol.

Aquí tal vez con un poco de suerte podamos deleitarnos con el vuelo de alguna Antiopa,  espectacular mariposa de color castaño purpúreo con los bordes de las alas amarillos, muy escasa  en la zona aunque de presencia regular.

En las zonas más bajas, a orillas del Embalse del Pontón Alto se localizan ya mariposas propiamente de llanura, como la Blanquiverdosa Moteada, e incluso algunas que sólo de forma  marginal alcanzan estos lugares, como la Cardenillo con el reverso de las alas posteriores de un  verde aterciopelado.

Mención aparte merecen los Jardines del Palacio de La Granja. En ellos se puede ver todavía a la Perico, desaparecida de otros puntos del valle donde antaño abundaba, pero sobre todo, en una  zona muy concreta, podríamos con un poco de suerte sorprender el vuelo de la Tornasolada, que  junto a la Apolo y la Antiopa forma el “trío de Ases” de las mariposas de Valsaín. En este punto y  sólo en éste, ( y cuando digo punto me refiero a las reducidas dimensiones del lugar) la Tornasolada  ha sido citada desde el siglo XVIII, y podemos dar fe de que en el año 2006, todavía estaba  presente.

Hay muchas otras especies que no hemos mencionado. Si les pica la curiosidad, búsquenlas y  disfrútenlas. Como dijimos, libros hay en el mercado para aprender cosas sobre ellas. Pero sobre todo cuídenlas. Cuídenlas porque son de las pocas cosas hermosas que nos van quedando, y el  mundo sería más triste si llegaran a desaparecer.

Existen otras mariposas de las que no hemos querido hablar. Noctuidos, Esfíngidos... La Gran  Pavón, más grande que muchos pájaros... y sobre todo la Isabelina, la reina de las mariposas ibéricas, y símbolo de la entomología nacional, que en Valsaín tiene una de sus mejores  poblaciones.

Pero su mundo es otro, su mundo es la noche y también tendrá que ser otro el cronista que les hable de ellas.

Pablo Pereira Sieso.


©Pedro de la Peña García | cronicasgabarreras.com