Crónicas Gabarreras 13
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Foto: devalsain.com

La gran majestuosidad del Real Sitio de Valsaín es plasmada en numerosas obras, cobra especial importancia la realizada en 1845 por un abogado de los tribunales nacionales donde se indicaba que(1): “A distancia de media legua del Sitio de S. Ildefonso, y á dos y media de Segovia entre oriente y mediodía se encuentra á la derecha del camino de Madrid el punto que los romanos llamaron Vallis Sabinorum, y los árabes durante su dominación Valle de Abbel. En el año 1123 expulsados los moros de esta parte de España se le denominó Valie de Amelo, posteriormente Valsabin y hoy corrompido en Valsaín”.

Continúa el citado autor describiendo la grandiosidad de nuestro paisaje: “En este ameno y delicioso terreno bañado por las aguas del río del mismo nombre y pintoresco por la multitud de árboles de diferentes clases que el rodean, se edificó el Real Sitio…(2)” Todo lo dicho sobre el Palacio de Valsaín es poco, fue fundado en el año de 1270 para el uso y disfrute de los Reyes D. Enrique III y IV, el Emperador Carlos V y su hijo Felipe II, de igual forma en el también pasaban largas estancias los Reyes D. Felipe III Y IV, Carlos II y el mismísimo D. Felipe V, hasta que se construyó el Palacio de San Ildefonso.

Especial magnitud para nuestro Palacio tuvieron dos hechos históricos: por un lado, el nacimiento de Doña Isabel Clara Eugenia, hija de D. Felipe II y de Doña Isabel de Valois; las obras posteriores reflejan el hecho con la siguiente trascendencia: “Fue bautizada en la capilla de Palacio por D. Juan Bautista Castaneo, nuncio de su Santidad, después papa con el nombre de Urbano VII. Un perol cuadrilongo de cobre sirvió para pila bautismal y después se cedió á la iglesia parroquial para el mismo objeto en uso continuado por espacio de algunos años y sustituido nuevamente por una pila de piedra; se conserva como memoria en la sacristía de la misma iglesia…(3)” Por otro lado y con menos relevancia que el hecho anterior, tenemos que mencionar que en Valsaín se vieron la Princesa de Eboli y el Secretario Antonio Pérez, fruto de la citada unión surgieron grandes problemas políticos.

Anton Van Der Wyngaerde

Todo lo anterior implica que, los reyes al pasar el verano en el Palacio de Valsaín irán acompañados de la correspondiente tropa y ballestería, así como del personal de servicio, surge así la necesidad de organizar el trabajo. Ya en la Contaduría Mayor de Cuentas de la Época, se podía observar que en Valsaín existía tanto personal fijo como personal eventual(4). Formaban parte del personal fijo todas aquellas personas entendidas como imprescindibles para el mantenimiento y conservación del Palacio como pudieran ser: el Alcalde y Guarda Mayor, normalmente era un cargo hereditario, un ejemplo lo encontramos en Antonio de Mampaso, a quien en 1518 se le nombró como “guarda de los montes y ríos”; era el máximo responsable de todo lo que pudiera suceder en Palacio, debiendo informar al Rey de todo lo que aconteciera en el mismo. Existe una nómina datada en 1563 donde se estipulaba el salario en “cincuenta mil maravedís al año”(5). Pero no sólo existía el Alcalde a semejanza de los tiempos actuales, también existía un Teniente de Alcalde, varios miembros de la familia Osorio ocuparon este cargo, unido al de “Guarda de Caballo” cobrando por ambos puestos un total de “veinticuatro mil maravedís al año”. No obstante, lo anterior, la existencia de cualquier oficio lleva aparejada la presencia de los pagadores (hasta un total de nueve) y los Caseros o Conserjes, al primer casero Sansón Silbano se le pagó un salario de ciento treinta y seis mil ochocientos setenta y cinco maravedís, es decir un ducado al día. Entre sus principales obligaciones estaba la limpieza de los aposentos, y el cuidado de los bienes y menaje de Palacio. Todo se cerraba con el Capellán que ejercía labores de jardinero, dicho cargo se mantuvo en manos del Arcipreste Juan Alonso Berrocal. Al igual que los Conserjes, los capellanes debían hacer inventario de los bienes de la Capilla del Palacio y ayudar en su conservación(6).

Toda la organización del Palacio giraba entorna a la figura del Guarda, en 1534 Carlos V otorga los correspondientes poderes al alcalde Pedro de Mampaso para “nombrar y poner dos guardas de caballo y otros dos a pie”. Los primeros cobraban doce mil maravedís y los segundos seis mil maravedís al año. A título anecdótico podemos citar otros: el doctor Madrigal con el cirujano Estrada, los cuáles cobraban quince mil maravedís entre los dos, el barbero Pedro Gómez que recibía seis mil maravedís al año…

La organización del trabajo en el Palacio de Valsaín prospera con un conjunto de trabajadores eventuales, cuyas jornadas de trabajo no sólo se realizaban en Valsaín sino que también se tenían que trasladar con cierta periodicidad a las canteras, o a otros lugares de aprovisionamiento. El salario de estos jornaleros dependía del cargo de ocuparan. Los Serradores –cuyo salario era el mayor– cobraban seis reales y medio, el Sobrestante, Fontanero y el resto de Maestros en General podrían cobrar un salario variable de seis a cuatro reales. Los Oficiales ganaban entre tres y dos reales y los Peones a lo sumo un real. Haciendo un total para el año 1563 de ciento veintiuna personas(7). Todo lo anterior termina con el séquito del Rey compuesto por sesenta y seis criados, entre los que se encontraba la servidumbre de cocina, la servidumbre de personal y aposentos(8).

Foto: Crónicas Gabarreras

El pasado de Valsaín es su Palacio, su historia paralela a los días de gracia y gloria de los Austrias; el presente por desgracia se muestra a través de sus ruinas, las cuales nos sirven para demostrar la grandiosidad de nuestro pueblo podemos afirmar que Valsaín y su Palacio supuso el inicio de la “arquitectura clasicista antes del Escorial”(9).

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1. Estamos haciendo referencia a la obra de DE FAGOAGA, José., así como MUÑICO Tomás., “Descripción de los reales sitios de San Ildefonso, Valsaín y Riofrío”, Imprenta de D. Eduardo Baeza: Segovia, 1845, pp. 207-211.

2. Ibidem, p. 207.

3. Ibidem

4. Vid. MARTÍN GONZÁLEZ, María Ángeles., “El Real Sitio de Valsaín”, Editorial Alpuerto: Madrid, 1992, pp. 34-47.

5. Ibidem, p. 39.

6. Ibidem, p. 43.

7. Ibidem, p. 46; como señala esta autora en su nota al pie número 112 el total de trabajadores en el Palacio de Valsaín eran: “57 peones, 19 Canteros, 14 Carpinteros, 7 Hombres con bestias, 5 Serradores, 5 Ayudantes de Minadores, 4 Carreteros de bueyes, 3 Carreteros de acémilas, 3 Albañiles, 1 Sobresante, 1 Fontanero, 1 Cerrajero y 1 Herrero.

8. Ibidem

9. Magníficas palabras de MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José., Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el prólogo de la obra anteriormente mencionada.

 

Luz Mª Rguez Mantecas.
A mi añorado abuelo, clemente mantecas,
por haberme trasmitido el amor a su pueblo..


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